Cuando el silencio habla
Como poeta, Hugo Mujica construye textos breves, pequeños, casi frágiles. Sin embargo, en ellos logra expresar mucho más de lo que dicen las palabras volcadas en la hoja. Sus versos son cortos y están precedidos por un largo espacio en blanco, pero el contenido deja muchas puertas abiertas.
Su vida siempre estuvo ligada al universo del conocimiento. Estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología. Todos estos estudios se reflejan en la variación de su obra.
Nació en el seno de una familia obrera. Cuando tenía 13 años, su padre se queda ciego y eso lo obligó a ocupar su puesto en la fábrica de vidrios Cristalux. Para algunos puede resultar terrible trabajar desde niños; sin embargo, en varios reportajes, Hugo Mujica recuerda esa etapa con cariño. En su adolescencia tuvo un fuerte acercamiento a los libros, y en forma paralela al secundario estudió Bellas Artes en una escuela nocturna. En 1961, cuando tenía 21 años, partió a los Estados Unidos con la visa de turista, 37 dólares y sin saber inglés. Al poco tiempo de llegar, se instaló en Greenwich Village, Nueva York, donde vivió durante la famosa década del '60. En esos años, pasó por todos los trabajos del emigrante recién desembarcado y se vinculó con jóvenes artistas plásticos norteamericanos. Comenzó a estudiar filosofía en la Free University y continuó estudiando pintura en la School of Visual Arts. También por ese tiempo conoció a Allen Ginsberg, quien lo introdujo al gurú Swami Satchidananda, el mismo que lo hizo conocer la vida monástica de la orden Trapense. Allí se quedó viviendo varios años, como monje, bajo un estricto voto de silencio.

En 1983 comienza a publicar sus primeras obras literarias. Entre su obra poética se pueden citar libros como: "Brasa blanca", "Sonata de violoncello y lilas", "Responsoriales", "Escrito en un reflejo", "Noche abierta", "Sed adentro" y "Casi en silencio". En el año 2004, a través de la editorial Seix Barral, publica "Poesía completa 1983-2004”, un libro que hoy, paradójicamente, o no tanto, ya está incompleto... Publicó también los ensayos "Camino del nombre", "Origen y destino" y "Poéticas del vacío", "La pasión según George Trakl", y los libros de cuentos "Solemne y mesurado" y “Bajo toda la lluvia del mundo”. Sus libros han sido publicados en España, Argentina, México, Chile, y traducidos y publicados en Estados Unidos, Bulgaria, Eslovenia, Italia y Francia. Aquí, un diálogo para conocer la historia y el pensamiento de Hugo Mujica, indudablemente uno de los poetas vivos más reconocidos y de mayor trayectoria que tiene nuestro país.
¿Qué cosas de tu vida te terminaron llevando a la poesía?
Yo había estudiado Bellas Artes como primera carrera. Después estudié otras, pero mientras tanto me dediqué a la pintura, hasta los 30 años. Nunca había escrito antes. Por mil avatares, me fui a vivir a un monasterio trapense cuya especificidad es vivir en silencio, un voto de silencio.
Después de estar tres años en silencio, un día estaba viendo algo. Fui, lo anoté, y me di cuenta que en ese gesto había nacido la poesía. El factor fue el silencio, se volvió expresión en mí.
¿Cómo es vivir en silencio? Cuesta imaginarlo para uno que vive en la ciudad…
Primero, tenés que pensar que el silencio de una ciudad, no existe. En la ciudad se habla por neurosis, no por comunicación. Se habla para tapar el ruido. La opción no es entre silencio o hablar, sino entre ruido y hablar, entonces se incorpora el hablar al ruido. En cualquier vida de campo, en soledad, el silencio es casi connatural, sin ninguna necesidad religiosa. La gente del campo casi no habla porque lo que pasa es mínimo y no existen la histeria y los nervios de estar produciendo sonidos todo el tiempo, para tapar algo. En una línea que suelo citar mucho, de un poema mío, digo“en el silencio, el silencio habla”. Si vivís en silencio, simplemente más que en alguien que no habla te volvés alguien que empieza a escuchar, y te das cuenta que todo está hablando, no al nivel verbal, ni al nivel del sonido. Porque el hablar es una de las formas de dar voz a la expresión, pero no es la única.
Estudiaste Teología. ¿Realmente creés en Dios?
Sí. No sé qué es Dios, creo en eso que suele decirse cuando se dice Dios. Creo en Dios como el dedo que señalase eso otro. Siempre digo que si uno agarra el cerebro y lo tira hacia adelante, lo más lejos que va es el momento en que cae. De ahí en adelante, eso es Dios. Dios es lo último que podemos nombrar a lo que no se nombra.
Me sorprende la forma en que están diseñados tus poemas, brevísimos, y ubicados en el fondo de la página. ¿Por qué?
Así como decía que todo habla, también en el ver todo ve. Creo que también el lugar que las palabras ocupan en el blanco de una página dicen diferente según dónde estén puestas. Yo no se por qué hago eso, pero podría sospechar que lo que estoy diciendo es que lo que hay que mirar es la página en blanco, y todo lo que digamos no es más que el dedo que señala hacia eso abierto, que no tiene palabras, y no es lo que se dice, pero es de lo que se está hablando.
Llama la atención que hayas sacado tu obra completa en el 2004, cuando todavía no dejaste de escribir y tu último libro, del 2011, no está en ese volumen.
Yo siempre le agradecí a Planeta que no hayan esperado que esté muerto para publicarme la obra completa. Cuando yo empiezo a ser conocido, me pasó lo mismo que le pasa a cualquier poeta: tus primeros libros ya no existen más. Esta publicación fue a responder a la necesidad de que mi obra pueda, de nuevo, estar completa. Por eso le pusimos fecha (1983 – 2004). Es lo que hasta ese momento era mi obra completa. Ahora, cuando tenga cinco o seis libros más, vamos a volver a hacerlo. Es una forma de recapitular, porque los libros de poesía no están para siempre en las
librerías. Están la época en que salen y después desaparecen. Esta fue una fórmula que se le ocurrió a Seix Barral y a mí me pareció maravillosa, de volver a hacer presente el pasado.
Pasaste por muchas etapas de distintos estudios. Bellas Artes, Filosofía, Teología. ¿De qué aprendiste más?
No sabría decir de qué más aprendí. Creo que lo más rico de cada uno de estos estudios es que te dan una síntesis de algo y te abren una perspectiva o un matiz. Entonces cada vez que estás viendo algo o estás en determinada situación, podés verla desde tantos otros puntos de vista. Creo que todo es un cuento sobre las tres o cuatro cosas de la vida. Cuantos más cuentos leés sobre lo mismo, más tenés para contar tu propio cuento.
En cuanto a la palabra, ¿ves que pierde valor en el presente?
Sí, obviamente la palabra pierde valor. También se está haciendo un lenguaje de imágenes que antes no teníamos. Antes, la pintura y hasta el cine, en sus primeros tiempos, ilustraban a la palabra. Ahora la imagen se ha independizado. Estamos perdiendo la palabra pero estamos haciendo otro lenguaje.
¿Cómo imaginás que pueda terminar la raza humana?
A mí me gusta cuando Dostoievski dice que “el fin del mundo no va a ser una catástrofe sino un bostezo.” Se va a caer por la falta de entusiasmo. No me parece tan alocado que nosotros terminemos. Han perecido tantas razas dentro del mundo y del cosmos y de todo lo que no sabemos. Además la tierra vivió sin nosotros por miles de millones de años, no sería nada loco que siga viviendo sin nosotros.
¿Por qué motivos imaginás?
Podría ser una catástrofe, los virus se pueden reproducir, por mil causas. Las razas se matan unas a otras, se contaminan, se intoxican, ni hablar de la tragedia ecológica que podríamos hacer, podemos volarnos…
¿Y la raza humana misma podría llegar a autodestruirse?
Sí, totalmente. Pensá que desde que el hombre es hombre no ha parado de matarse en la guerra, y diez mil cosas más. Los humanos tenemos también la oportunidad de repartir y de vivir bien, y sin embargo elegimos una forma belicosa de vivir. ¿Por qué no podemos elegir la destructiva también?
Publicado en el Suplemento Rastros en 2012.








































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