Literatura y dictadura

Pasó una semana del 24 de Marzo, y cada vez que ocurre esa fecha aparecen nuevos elementos para reflexionar, pensar, cuestionar qué le pasó al país durante esos años. Por más que algunos sientan hartazgo a la hora de hablar de eso, el tema merece ser abordado por la mayor cantidad de discursos posibles.
Los militares no dejaron solo desaparecidos y miseria. Parte de su accionar estaba en apostar al olvido, y por infinitas razones a la sociedad argentina le costó años hablar de la memoria y uno de los ámbitos donde todavía cuesta abarcarla es en la escuela.
El viernes 22 de Marzo, en el marco de las actividades por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, se realizó en nuestra ciudad una mesa de conversación y reflexión denominada: "Marcados: la narrativa de la dictadura militar en las aulas". La misma estuvo a cargo del reconocido escritor Martín Kohan, en compania de las docentes rafaelinas María Eugenia Meyer y Claudia Perren. La misma se llevo a cabo en el Museo Municipal de Bellas Artes, con una convocatoria positiva, la actividad fue organizada por la Secretaria de Cultura y Educacion de la Municipalidad de Rafaela. El eje de esa charla, estuvo centrado en la educación de aquellos años y sus secuelas, que continúan causando efecto hasta el día de hoy.
Martin Kohan tiene varios libros que abarcan el tema de la dictadura, entre los que se pueden nombrar las novelas “Dos veces Junio” y “Ciencias Morales”. La primera refleja la visión de un joven soldado, que hace el servicio militar en esos años y ve en forma superficial las atrocidades que sus superiores estaban cometiendo, la segunda cuenta la historia de una preceptora del colegio Nacional de Buenos Aires, en el momento de la guerra de Malvinas, cuya obsesión es la de mantener el orden en sus alumnos.
Motivado por estas dos novelas, después de la charla, entrevistamos a Martin Kohan y focalizamos, en la relación del discurso literario con lo ocurrido en esos años negros.
Muchas veces, a la hora de hablar de la dictadura, es una constante escuchar que digan “otra vez con la dictadura”. Este tipo de comentarios, también existen cuando hay una obra literaria referida al tema. En la literatura, ¿qué elementos encontrás que pueden aportar una nueva mirada?
A mi parece que la literatura es un lugar propicio para invalidar esa idea de “otra vez la dictadura”, es una instancia totalmente adecuada para poner en cuestión esos comentarios de fatiga o de hartazgo.
Ese tipo de comentarios, como el que una vez hizo Lanata, suponen que se está diciendo siempre lo mismo y me parece que eso es un error. No es siempre lo mismo y eso es lo interesante, probablemente es por eso que se vuelve. No se vuelve a lo mismo, la literatura lo muestra del mejor modo, si bien siempre hay un tema, en las buenas novelas el disparador no es estrictamente temático, o si se quiere a partir de un determinado tema, la literatura elabora algo que es del orden de las formas, del lenguaje, del tratamiento, significa mucho y a la vez no significa nada, saber de que es una novela, si es de amor, de drama o de la dictadura.
No es lo mismo lo que aparece en textos de los años ochenta, como puede ser “cuarteles de invierno” de Osvaldo Soriano, “Nadie, nada, nunca” de Juan Jose Saer, o en“ Respiracion Artificial” de Ricardo Piglia.
No es lo mismo eso, que lo que se pone en juego en los textos de Felix Bruzzone, o lo que aparece en la última novela de Leopoldo Brizuela, en los textos que pude haber escrito yo, lo que aparece en los textos de Carlos Gamerro o en “La Casa de los conejos” de Laura Alcoba.
Sobre aquellos que dicen “basta con lo mismo”, me atrevería a arriesgarme a decir que es la mirada de los que oyeron hablar de los libros, pero no los leyeron, por que alcanza con leer los libros, que te pueden convencer o no, gustar o no, pero queda claro que lo que dicen no es lo mismo.
¿Qué opinión tenes sobre los escritores, que son hijos de este proceso, que nacieron en esos años, como es el caso de Felix Bruzzone o Lola Arias?
Es evidente y es muy interesante ver hasta qué punto ahí hay una etapa de la representación diferente, de la misma manera que los textos que estábamos escribiendo a finales de los 90 no hubieran sido posibles en los 80, porque el estado de la memoria no estaba en ese punto. Es claro y me parece muy productivo porque confirma lo que estábamos diciendo con respecto a la trampa de la torpeza de decir que es “siempre lo mismo”.
Queda clara la perspectiva de los hijos de desaparecidos, aun los que no son pero se criaron en una generación que correspondería a esa edad.
En el caso de la literatura, se puede hablar de Felix Brussone, en el teatro de Lola Arias, en el cine de Albertina Carri, es muy claro que aparece un tipo de perspectiva, que antes no era posible, se está escribiendo otra cosa y se está diciendo otra cosa.
Antes mencionabas a la famosa frase de Lanata, es raro escucharla de parte de una persona que en su momento instalo el discurso contrario. ¿Cómo ves este cambio?
Yo no podría profundizar en Lanata mas que lo que todos ven. Probablemente en ese momento trabajaba para Pagina 12 y ahora trabaja para Clarin. Es un profesional en el mal sentido de la expresión, dice en Pagina 12 lo que había que decir ahí, y ahora que trabaja para Clarin dice lo que hay que decir en Clarin.
No conozco su recorrido, más que como lector de Pagina 12, conozco a muchos que trabajaron cerca de él, ellos dicen que hay más coherencia que la que se supone, que en el fondo siempre fue así. No es algo que yo pueda decir más que como lector en este punto.
Lo que el mismo expresaba en Pagina 12 me parecía inteligente, cuando lo escucho decir
“me tienen harto con la dictadura”, me parece una estupidez.
Yo personalmente, antepondría ese contraste al ideológico, antes del contraste ideologico yo marcaria una diferencia a lo largo de la duración, que en Pagina 12 pudieran llegar a tener sobre esos mismos temas y la profunda banalidad, la profunda planicie que supone esa frase, poner en juego un hartazgo personal sin ninguna valoración que suponga si existe verdaderamente una saturación con el tema de la memoria y a que se debe.
Sobre todo, en los términos que hemos estado discutiendo aquí en Rafaela en estos días.
¿Qué aporte le hace la película “La Mirada Invisible”, a tu novela “Ciencias Morales”?
Son cosas distintas y así tenía que ser. En general, creo que cuando un director de cine adapta una novela, responde a ella, se basa en la novela, pero al mismo tiempo se aparta para hacer otra cosa, porque si lo que busca es una concreta fidelidad, el resultado tiende a ser malo para el cine y la literatura también.
Una creación, es la creación de otra cosa a partir de una cosa ya existente. Mi expectativa como autor de Ciencias Morales, no era hacer la continuación de mi novela por otros medios sino una lectura que Diego Lerman hace de la novela, que pone en riesgo una transformación activa de eso.
Porque es cierto, era mi novela pero era su película, nunca me puse con ese celo de propietario, para mí es un honor pensar que la novela que yo había escrito pudo estimular en él una película, siempre sabiendo que esa película iba a ser una expresión de sus propias ideas.
Muchos de los cambios me parecieron imprescindibles y grandes resoluciones, algunas cosas habia que cambiarlas para que funcionen en la película, estos cambios muy bien pensados y bien hechos, en cambio hubo otros con los que yo no estoy de acuerdo con Diego.
¿En cuales?
Por ejemplo el desenlace, en Ciencas Morales es más pesimista, Maria Teresa nunca tiene una reacción de rebeldía respecto de Biasutto y de acuerdo con mi perspectiva de como viene la novela, no va a tenerlo. Lo que libera a Maria Teresa de la situacion con Biasutto, es un factor que viene de afuera de su situación, ella no va a desobedecerlo nunca. Mi idea, al escribir la novela, es que cuando Biasutto le dice “el lunes la quiero acá”, generar en el lector la idea de que ella el lunes iba a estar ahí, lo que la libera es el final de la
guerra de Malvinas, la situación que se activa desde afuera.
Diego Lerman decide darle al final de la película un matiz diferente. Diego decía “yo quiero más aire en mi película, que no sea como que 'terminó la guerra, y zafo', quiero una reacción en mi personaje.” Yo le decía que para mí, Maria Teresa no reacciona nunca y él me dijo “es mi Maria Teresa, va a reaccionar...” Es lógico, era su película.
Estuviste debatiendo en la televisión pública, cuando se cuestionaba la visita de Vargas Llosa al país. Para vos, ¿cómo se relaciona lo literario con lo ideológico?
Yo creo que la ideología está en el lenguaje, las palabras son ideológicas, el rigor no es algo en lo que yo crea. Creo que la idea de que la palabra es un instrumento y una expresión de la ideología, lo que en una época se llamaba literatura de mentales, esa idea de que aquí está la ideología y yo con mi novela expreso la ideología. Yo no tengo esa concepción ni de la literatura, ni de la ideología, yo creo que la palabra es ideología, por lo tanto la ideología en un texto literario va a estar dado por las propias palabras y por las formas. Es diferente la idea de la toma de posición que un escritor asume, creo que es necesario hacer esa distinción, es decir la relación entre literatura y política. Cuando pensamos en los textos o la posibilidad de indagación de lo ideológico en una novela, está más allá, no responde a la necesidad personal de un autor, sino a otras cosas que los escritores estuvieron premeditando. Entonces un lector indaga en la ideología de un texto, mas allá de la ideología del escritor, eso en la literatura.
Es diferente que un escritor como figura social, su posicionamiento ideológico y político que como escritor puede asumir en la escena pública, como en el caso de Vargas Llosa suele dar resultados nefastos.
Entrevista realizada en el marco de las actividades de la semana de la memoria, para el suplemento Rastros del diario La Opinion en 2013.








































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