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Seguir cantando

24 mar 2014
5 min de lectura

El 24 de marzo es una fecha para recordar, conmemorar y sobre todo para reflexionar sobre lo que ocurrió. A pesar de que algunos lo nieguen, cada vez que el calendario nos indica ese día, el ejercicio de preservar la memoria va evolucionando. Atrás quedaron los años en los que el 24 de marzo era un día meramente ilustrativo; hoy se están juzgando genocidas en distintos puntos del país, se está debatiendo la participación civil en la dictadura, se están abriendo documentos secretos sobre esos años siniestros y se están inaugurando nuevos espacios para recordar a las víctimas.

Rafaela pasó mucho tiempo sin hablar de sus desaparecidos, pero nunca es tarde para hacerlo. Y la existencia de la Plaza de la Memoria, es un signo positivo en el terreno donde gana la memoria colectiva.

El último 24 de marzo se hizo un acto que contó con una presencia especial, la de Liliana Herrero, una mujer que ha sido perseguida y tuvo que exiliarse en tiempos de la última dictadura. Antes de lanzarse profesionalmente al canto, ejercía la docencia en la universidad. Su condición de militante la obligó a vivir esos años en el exilio, con muchos amigos desaparecidos, así que conoce de cerca lo que pasó en esos años. Aprovechando su visita a la ciudad, minutos antes de que suba al escenario, Liliana Herrero nos contó lo que significa para ella el 24 de marzo. Además, habló sobre sus orígenes en la música, impulsada por Fito Paez, reflexionó sobre su forma de interpretar la canción popular y dio cátedra sobre el sentido de la batalla cultural que se libra en cada día.

¿Qué significado tiene para vos el 24 de marzo?

Por un lado una memoria, y por el otro enormes tristezas, angustias y recuerdos. Pero por otro lado una celebración de la democracia y una apuesta a la vida. Yo tiendo a emocionarme en estos días, pero también peleo porque esta es una fecha para conmemorar y celebrar la memoria y la continuidad de la vida.

Desde la reconstrucción de la democracia viviste de cerca los impactos que esta tuvo en la sociedad. ¿Cómo ves la memoria, en cuanto al paso del tiempo?

Yo creo que se renueva, con gente nueva, distintos actores, gente que sabe muy bien lo que paso y otra que no lo sabe tanto. Me parece que esta fecha ya no va a volver atrás, en cuanto al fracaso del intento de recuperar la memoria.

¿Se avanzó en el tema?

Me parece que sí, están los juicios que son muy importantes, como el que se está llevando adelante en Bahia Blanca, o lo que se está haciendo en Mendoza. Por supuesto que hay sectores muy duros que van a intentar desarmar esto, pero hay que persistir, aun con fallas.

¿Empezaste como profesora, cantante o hacías las dos cosas?

Profesionalmente, comencé en la música en el año 1986.

¿Pero no habías arrancado en la década del ‘60?

No, porque en ese tiempo no había profesionalización. Uno subía al escenario para hacer la revolución a través del canto y acompañar a los procesos revolucionarios, que en ese momento en Latinoamérica eran muy fuertes.

Para tu primer disco fuiste impulsada por Fito Paez. ¿Qué me podes contar de ese tiempo?

Fito Paez estaba en mi casa, porque le habían diezmado y masacrado a la familia, vivía en Buenos Aires y cuando venía para Rosario paraba en mi casa. A él se le ocurrió que yo grabara un disco, nunca tuve la idea de dedicarme profesionalmente (aunque a mí esa palabra no me gusta) a la música.

¿Por qué no querías?

Ya había vivido el proceso y la dictadura en situaciones muy horribles. Cuando vuelve la democracia, a mí no me interesaba. En plena democracia me habían restituido los cargos, por los cuales la dictadura me había echado del pais y perseguido, entonces quería seguir en eso. Fue a Fito al que se le ocurrió que yo grabara primero un disco, después un segundo disco y después otro, así estoy aquí, con mis compañeros, aunque esta no es una idea que haya sido mía. Tanto el primer disco mío, como en el segundo donde canta Luis Alberto Spinetta, no son míos. Le pertenecen a Fito, él me los regaló y me los cedió. El nunca me va a aceptar que se los devuelva, pero el master es de él y todos sus amigos que ahí grabaron.

¿Él tiene la culpa?

Absolutamente. Ayer hablé con él y yo me estaba haciendo un empacho de sus discos, que hacía mucho tiempo que no escuchaba, entre los que están Rodolfo, Abre, Ey o Circo Beat, me había olvidado que yo canté en ese disco

De todos esos, ¿cuál es el que más te gusta?

Muchos. A mí me gusta uno que te digo, con toda franqueza, ojalá que Fito nunca hubiera tenido que hacer, que es Ciudad de Pobres Corazones. Este es un disco que él hace a partir de la masacre de su tía y su abuela, a quienes yo conocí. Pero no me hagas decir cuál es mi disco preferido de Fito porque yo los amo a todos. “Ey” me gusta muchísimo, pero “Del 63” es emblemático para mí: lo hizo en mi casa, fue muy lindo eso.

Hay muchas canciones de otros que las hacés totalmente distintas. ¿Cómo concebís el rol del intérprete?

Tiene que inventar, no hay cover posible. Hay que estar alerta, conocer lo que se ha hecho, escuchar mucha música, compartir música de todo el mundo. Porque la música es un préstamo cultural, se puede ir tranquilamente de Atahualpa Yupanki a Radiohead, no hay problema con eso.

¿Interpretarías un tema de Radiohead?

No, pero escucho cómo lo arman, qué textura, qué instrumentación tiene, cómo filman… Yo escucho todo, soy una esponja. De la misma manera en que he escuchado toda mi vida a la Mecha (Mercedes Sosa), a Luis (Spinetta), hay un arco enorme de músicos que a mi me interesan y que nunca se acaban.

¿Qué estás escuchando de nuevo?

A Palo Pandolfo lo sigo escuchando, siempre me interesó, me parece que está buscando algo nuevo siempre. También escucho mucho a Lisandro Aristimuño y por eso lo convoqué a él como productor de este nuevo disco. A Nora Sarmoria, a Lilian Saba, al Negro Aguirre,

al Coqui Ortiz, a Lucho Hoyos, en Tucumán, sigo escuchando a Luisa Calcumin en su expresión más mapuche que me parece honesta con lo que hace, son cosas que escucho constantemente.

En el sentido cultural, ¿cómo ves el futuro?

Si la lógica que triunfa para escuchar música es la alianza entre los medios y el mercado, estamos hasta las manos.

¿Alguna vez fue distinto?

Por supuesto que sí, pero no hegemónicamente. Hay que inventar otra cosa y dar esa lucha y ese combate. Si no, estamos hasta las manos. Si Arjona es el modelo, estamos mal. Ahora, si me decís que escuchemos todas las veces que sea necesario, por ejemplo, las seis horas de Spinetta con las bandas eternas, o artistas como el Hugo Fatorusso, Fernando Cabrera, o Radiohead o Nick Cave, entonces es otro el universo musical.

Al principio de la entrevista me contaste que en los ‘60 cantabas para hacer la revolución. ¿Cómo concebís que se pueda hacer una revolución cultural desde el tiempo presente?

Hay que batallar, pelear contra las formas más bajas del clientelismo político, como el Festival de Cosquín. Romper esa lógica del mercado y decirlo en el escenario como lo hicimos con Juan Falú.

Publicado en el suplemento Rastros del diario La Opinion de Rafaela, en 2014, cuando vino en el dia de la memoria.

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