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Contra la alienación capitalista

13 nov 2013
4 min de lectura

A veinte años de la muerte de Guy Debord, un repaso sobre los principales postulados de la obra del filósofo, escritor y cineasta francés, principal teórico de la Internacional Situacionista.

La Internacional Situacionista, empieza en 1957 gracias a la unión de un grupo de artistas que tenían la idea de romper con el establishment artístico, denunciar la sociedad del espectáculo y unir la vida real con la imaginaria. Esto se forma con la fusión de algunos grupos de arte vanguardista como la Internacional Letrista, el Movimiento Internacional por una Bauhaus Imaginista y la Asociación Psicogeográfica de Londres.

Estos grupos ya venían experimentando con la idea de provocar travesuras, por ejemplo en 1950, la Internacional Letrista, durante la misa de pascua en Notre Dame, infiltraron a Michel Mourre vestido de un monje, quien se paró frente a un altar y leyó un panfleto nietszcheano proclamando que dios estaba muerto.

El situacionismo, tenía una fuerte impronta política, su objetivo original era terminar con la sociedad de clases y acabar con el sistema capitalista, pero a diferencia de otros movimientos revolucionarios, estos la planteaban a partir de la libertad del individuo, rechazando la idea de fundar o dirigir un movimiento de masas. Como planteaban hacer una revolución a través del arte, consideraban que la única función del artista consistía en la de catalizar y expresar los deseos reprimidos del ser humano.

La primera etapa del movimiento, que va de 1958 a 1962, plantea una serie de acciones contra el poder y contra la pasividad organizada, en donde estaba inmersa la sociedad. Sus presentaciones se basaban en la usurpación del espacio público para fines artísticos, algunas de sus performances se basaban en ir provocando a la gente por la calle con actuaciones de denuncia social llevadas al extremo, sin límites, lo que muchas veces los llevaba a tener problemas con la policía, debido a lo políticamente incorrecto de su forma de denunciar.

Entre las acciones más conocidas, se encuentra la ocupación a la sede parisina de la Unesco, la promoción de la guerrilla a través de medios como radios piratas, o acciones como el detóurnement, eso quiere decir, tomar algún objeto creado por el capitalismo y distorsionar su uso o significado original para intentar producir un efecto diferente. En el filme “¿Puede la dialéctica romper ladrillos?”, de René Vienet, se ve cómo una película de artes marciales tiene subtítulos que son cambiados por discusiones políticas.

En la segunda etapa del movimiento, se plantean dejar de ser etiquetados como una mera corriente cultural. En 1960, Guy Debord y Pierre Canjuers, dos de los referentes más importantes, plantean a través de sus textos la unidad del programa revolucionario y niegan que la cultura sea considerada un sector independiente de la economía política. En ese entonces escriben que “la política revolucionaria tiene como contenido todos los problemas de la sociedad”. Seis años más tarde, hacen el planteo más fuerte del movimiento situacionista y afirman que “los tiempos del arte han pasado, no podemos hacer arte más que eliminándolo.” Sin embargo, es a través de sus reflexiones poéticas y de sus acciones donde el situacionismo siempre guarda la memoria de sus orígenes culturales, y eso también tiene su expresión en la segunda etapa, que comienza en el año 1962, se dinamiza a partir de 1966 y culmina en mayo del '68.

Es válido aclarar que los textos situacionistas no son de fácil lectura. De un modo casi siempre poético, nos recuerdan cómo vivimos sometidos a una especie de “terrorismo de la conformidad”: trabajo forzado, vida desposeída, escasez de tiempo libre y de modos de ocupar ese tiempo libre. A través de un lenguaje liberado (la poesía), describen cómo la clase trabajadora se enfrenta a un día a día que ahoga su creatividad, la misma es deportada a barrios periféricos donde trabaja y duerme condenada a ser una simple espectadora.

Además de esta crítica al capitalismo, añaden una crítica a los izquierdistas. En el periodo anterior a mayo del '68 la izquierda estaba dominada por un leninismo atormentado por la tristeza y el sacrificio militante. Para el situacionismo, el gran error es que, hasta el momento, todas las revoluciones se han basado en la

justicia y no en la felicidad. Para ellos, la revolución no pasa por los modelos clásicos de organización de la clase trabajadora, sino por atacar el espectáculo y librar un combate manifestado en el plano simbólico. Y fue en mayo del '68 donde se vieron en las paredes los folletos, los carteles, la rabia y la poesía del movimiento. A pesar del éxito de ese momento, la Internacional situacionista no tardaría en desaparecer. En 1972 la formación se autodisuelve, pasando algunos de sus miembros a fundar en 1974 la llamada Antinacional Situacionista, que tampoco dura demasiado.

Muchas cosas contribuyeron al fin del movimiento. Si bien criticaban todo dogmatismo, la mayoría de sus análisis parecían sagrados. Presentaban sus discursos para ser admirados y contemplados, lo cual era una contradicción. Cuando la denuncia del espectáculo pasó a ser un espectáculo en sí mismo, y el movimiento carecia de un proyecto de sociedad, en el plano revolucionario, empezaron a derrumbarse por su propio peso.

El libro “La Sociedad del Espectáculo”, de Guy Debord , cuenta el entorno situacionista que vivió precedentes a los acontecimientos de mayo de 1968 en París. La situación social de aquel momento, era la de un capitalismo incipiente comparado con el actual. Sin embargo, lo que quería evitar Debord, no sólo no se ha evitado sino que se ha maximizado en nuestro entorno contemporáneo.

El consumismo generado por la mercancía o producto que representa una imagen en si mismo es algo totalmente generalizado y que cada día va en aumento. Aunque no es menos cierto que las ideas generadas a partir del movimiento situacionista también están más vivas que nunca. La música de los Sex Pistols tomó varias de ellas, a través del contacto que Malcom Mc Laren estableció con los miembros originales del movimiento. El legado a nivel político se vio en la Asamblea de Parados de Jussieu a mediados de los ‘90, en los sabotajes en la red francesa de ferrocarriles y en muchas de las consignas de los indignados. Si bien el movimiento situacionista forma parte del pasado, dejaron las puertas abiertas a nuevas vanguardias. Como escribió Guy Debord en el número 22 de la revista Potlach, el 9 de septiembre de 1955: “es necesario un comienzo para todo.”

Publicado en el Suplemento Rastros.

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