La pluma y la guitarra
Adrian Cayetano Paoletti es un músico de rock proveniente de Monte Grande, una ciudad ubicada a 30 km de Buenos Aires. A principios de la década del '90, lideró Copiloto Pilato, una banda independiente que fue contemporánea de grupos como Babasónicos, Los Brujos, Juana La Loca y El Otro Yo. En ese tiempo, todas estas bandas compartían escenarios y se apoyaban mutuamente; los que no hacían ruido en las tablas de madera, eran parte del público.

Muchos de estos nombres suenan conocidos, porque estas bandas lograron firmar un contrato con alguna discográfica multinacional y desarrollaron sus carreras con aceptables grados de masividad. Copiloto Pilato no tuvo esa suerte. Si bien llegaron a registrar un disco llamado “La Misma Tierra”, la compañía que se los editó se disolvió por una pelea entre los socios que integraban la firma, y eso llevó a que el lanzamiento oficial quede truncado y el disco salga a la calle sin presentarse. Al poco tiempo, Copiloto Pilato dejó de existir.
“Hoy escuchás a periodistas, músicos, a pibes jóvenes que les sigue gustando ese disco, yo pienso que los discos son buenos cuando traspasan la barrera del tiempo, eso habla bien de sus canciones. Hay bandas que reflejan el sonido de moda del momento, surge The Cure y salen 50 bandas parecidas que quedan en eso, hoy escucho el disco de Copiloto y suena a Copiloto”, nos dice Adrián refiriéndose al disco “La misma Tierra”.
Una vez disuelto Copiloto Pilato, Adrián Paoletti decidió dedicarle un tiempo a la escritura y dar una pausa con la música. “En un momento empecé a hacer canciones y me compré una guitarra acústica, las grabé como demo porque mucha gente me lo pedía. Eso me llevó a fabricar un casete y a ponerle una tapa. En un primer momento no tenía la intención de hacer una carrera solista, pero cuando empecé a tocar solo con la guitarra, me di cuenta que estaba metido en eso”.
El primer disco llamado “Paciencia” fue grabado primero en casete y al año siguiente en cd, con un agregado de 6 canciones más. Una parte del disco fue grabado en un estudio y así salió la primera versión en casete. A los temas nuevos que salieron en cd los grabó con una portaestudio Tascam de ocho canales, propiedad de Gonzalo Cordoba, ex guitarrista de Suarez.
El segundo disco de Adrian Paoletti llamado “En la ruta del árbol, en busca de la canción perfecta”, fue grabado en 1998 y salió con la intención original de ser doble. Sin embargo, quedó con 24 canciones, varias de ellas instrumentales.
El tercero funcionó con una lógica opuesta. Si el disco anterior era largo, éste debía ser corto: entonces, el resultado final fue un trabajo de siete canciones llamado “Soy yo por ahora”, que fue producido por Julio Moura, guitarrista de Virus. Después de este disco, Adrian Cayetano Paoletti empezó una larga siesta, que lo llevó a estar diez años sin hacer música.
Antes de sacar tu último disco, llamado Casa Rodante, que salió el año pasado, escribiste letras para “ Fuerza Natural”, el último de Gustavo Cerati. ¿Cómo se dio ese encuentro?
Por medio de Gonzalo Córdoba. Cuando yo dejé de tocar, él también lo había hecho por un tiempo. Reuniéndonos a comer un asado, hablamos sobre la posibilidad de grabar un nuevo disco. Cuando estaba esbozando lo que luego sería “Casa Rodante”, a Gonzalo lo convoca Cerati para formar parte de su banda. A Gustavo lo conocí en una fiesta en la localidad de José Ignacio, donde pasaba música Leandro Fresco, a la que me invitó Gonzalo. En un momento de la noche yo estaba en el medio de un diálogo, entre la que era mi esposa, mi hijo, Gonzalo Córdoba y Gustavo Cerati. Ellos hablaban del disco y en esa charla Cerati dice: “me tengo que poner las pilas con las letras”, y Gonzalo atinadamente sugiere: “¿por qué no le decís a Adrián que te ayude?” Yo estaba al lado con cara de Póker... Cerati lo primero que me dice es “¿Cómo se llamaba tu banda? ¿Copiloto Pilato? Ah sí, buena banda”… A partir de ahí, nos pusimos a hablar de lo que él quería, me dijo que buscaba zafar de las típicas letras de amor, tenía pensado un disco psicodélico haciendo referencia a los '70, buscaba letras psicodélicas, donde haya muchos animales y números. En esa fiesta hablando del Faro de José Ignacio, le dije “podemos poner un faro”, algo que después apareció en la letra de Sal.
Esa noche él me dio el demo del disco, que tenía 19 temas de los cuales quedaron 14, entonces me puse a trabajar. Nos juntamos varias veces, le iba mostrando las letras, poníamos el demo y las cantábamos. Cuando llegué a Buenos Aires, las pasé a la computadora y se las mandé corregidas, después estuve con él en el estudio… Fue genial haber participado en el disco, en varias críticas me elogian mi trabajo.
¿Cómo hacés escribir canciones para otra persona?
Eso es medio como actuar, yo por mi imaginario soy reacio a usar palabras como tecnológicas y él me lo proponía todo el tiempo. Yo me ponía en el personaje de él, componía desde ese lugar, un interesante ejercicio como si fuera un actor.
Después, a mi último disco Casa Rodante, lo mezclé en su estudio, estaba la idea de que él participe en la mezcla y cante una canción. La última vez que hablamos él iba a ir al estudio con unas pre mezclas del disco, me acuerdo que me dijo “ahora me voy de gira, cuando vuelva nos vemos,” y justo fue la gira donde tuvo el accidente. Casa Rodante tiene un sonido genial, y bueno, ahora estoy grabando un disco nuevo, se va a llamar “Los mandos no responden, aumentaré la potencia al máximo”. Posiblemente salga a mediados del año que viene.
Publicado en el suplemento Rastros en 2012 y emitido en el programa radial Stock Limitado.








































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