El sobreviviente
Litto Nebia volvió a Rafaela para presentar un espectáculo llamado “A su Aire”, en el marco del Ciclo de Música Popular organizado por la agrupación “Otras Voces”. Entrevista a fondo con un icono de la música argentina.

La Balsa llegó muy lejos
El pasado viernes 4 de mayo, la Asociación Cultural “Otras Voces” hizo el segundo recital del año perteneciente al Ciclo de Música Popular, ese reconocido evento cultural que ya cuenta con once años de trayectoria y apunta a convertirse en un clásico. Para esta segunda ocasión, la apuesta fue con una carta fuerte: Litto Nebbia.
Quienes asisten eventualmente al ciclo, saben que la popularidad no es una condición excluyente para la agrupación a la hora de traer espectáculos. Por algo, el ciclo se llama precisamente “Otras Voces.”
Lito Nebbia no es un artista famoso, es un artista conocido. Su trayectoria le permitió sostener una actividad intensa como músico a lo largo de los años. Hoy, sus giras duran semanas, graba sus propios discos, produce discos ajenos para su sello (Melopea), aparece en distintos proyectos artísticos. La última visita del rosarino había sido el mes pasado, acompañando la presentación de la obra de teatro “Malvinas, canto al sentimiento de un pueblo”, obra para la cual el propio Nebbia compuso la música. Con estos antecedentes, algún desprevenido podía pensar que la convocatoria de público no iba a resultar satisfactoria; sin embargo, el recital del viernes 4 de mayo realizado en el Teatro Lasserre, tuvo una gran convocatoria y la sala estuvo finalmente llena.
El espectáculo que presentó Nebbia se llama “A su aire”, y se trata de un concierto íntimo donde se presenta el músico en soledad, enfrentado a un piano y a una guitarra acústica. En ese ámbito de ensimismamiento, de diálogo hecho en susurro con los elementos de su poética, donde se destaca la introspección, es posible llegar a sentir que Nebbia le está cantando precisamente “a su aire”: su vida, su manera de ser, su música. El abanico de canciones de su repertorio es amplio, sin embargo no dejó afuera las que siempre se quieren escuchar, como “La Balsa” ,“Sólo se trata de vivir”, “El rey lloró”, “Cuando una voz sea de todos”, “Quien quiera oír que oiga”, entre otras.
En esta oportunidad, Rastros dialogó luego del recital con el gran intérprete, uno de los fundadores del rock nacional, creador de canciones que ya han traspasado a cinco generaciones, y difusor de artistas jóvenes y nuevos grupos desde hace cuarenta años.
El espectáculo que presentaste esta noche, “A su aire”, ¿se presentó por primera vez para la revista española Efe Eme?
Claro, lo empezamos a hacer en España.
¿Y de esta obra hay un álbum para libre descarga?
Sí, porque yo soy muy amigo del dueño de la revista, Juan Puchades. Él había empezado a sacar su revista en forma virtual mucho antes que se haga acá. Ese fenómeno empezó antes en España, lo primero que se le ocurrió para tener convocatoria fue regalar discos de conciertos, en ese momento le dio uno Andrés Calamaro, que lo conoce y lo quiere, yo le di uno, Ariel Roth también y después otros grupos españoles que no son conocidos acá.
¿Y que pensás de la descarga de discos?
Nosotros necesitamos que se vendan discos, para poder seguir sacando discos. En un caso personal, como el del sello “Melopea”, te mentiría si te digo que nos vamos a fundir porque la gente nos descargue. Quien escucha lo que yo produzco, por lo general quiere tener el disco, porque es gente que colecciona
discos y sabe que una descarga suena la vigésima parte del disco real. Los que no se pueden dar cuenta son los pibes de 14 años que nacieron con eso... Los más afectados por las descargas, son las disquerías más comerciales o las bandas más masivas. Yo veo cosas mías o del sello “Melopea” que se pueden bajar de todos lados y sin embargo a los discos los seguimos vendiendo... Y asimismo, desconozco la cantidad de plata que se nos va por la descarga. Pero me preocupa mucho más lo poco que hemos y han cobrado los músicos en el mundo, no por las descargas sino por la industria discográfica. Ese es el mayor problema, las cosas se podrían distribuir de una mejor manera y hasta los discos podrían ser más baratos. Hay discos, algunos míos, que en Europa los venden a 32 €. ¿Cómo vas a vender a 32 € un disco? ¿Cómo no querés que después un tipo no se lo descargue por 1 €? Es muy caro, el costo de fabricación es el mismo acá y en todo el mundo. Ellos mismos se han ido contra su propio negocio. Si todo costaría más barato, como adquirir una revista, por ejemplo, mucha gente compraría más discos.
¿Qué te llevás de los viajes que hacés difundiendo tu música?
En cada lugar hay emociones distintas, gente que conocés, que se presenta, gente con la que hablás. No te quedás todo el tiempo para conocer el lugar entero pero algo conocés porque vas viendo un poco de cada lugar. Hace una semana estuvimos en la zona de Misiones, tocamos cinco días por ahí, y después estuvimos en toda la zona de Entre Ríos, donde fui conociendo muchas cosas de ahí. Además te encontrás con una cantidad de público que ni sabías que existe para lo tuyo. Por eso, quedarte en Buenos Aires es una irrealidad.
También es una decisión, salir por todos lados para hacer recitales.
Claro que sí. Aparte, el trabajo de uno es el de salir a tocar. La gente me pregunta extrañada pero es lo normal, Bob Dylan tiene 72 años y toca todos los días de su vida. No es porque no tenga plata.
En el recital contaste que conociste gente que musicalizó, con tus canciones, momentos de su vida. ¿Podés contar algún caso particular?
Tengo para escribir un libro de anécdotas... Desde la historia de un tipo que se casó con una canción hasta otro que se protegió con otra canción cuando se divorció. Una vez vi a una mujer por la calle, una señora muy grande, que me contó algo muy fuerte: me dijo que ella no me escuchaba antes, pero su hijo, jovencito, sí. Me dijo que su hijo se había muerto, y que un día en el que ella estaba limpiando, encontró discos míos entre las cosas de su hijo. Y a partir de ahí me empezó a escuchar. Así que hay un montón de anécdotas, algunas son muy emocionantes, y otras muy divertidas. En la vida pasa de todo, pero lo bueno es tener la suerte de encontrarse con gente que te lo dice. Me pasa mucho con los nombres. Una vez me encontré con un tipo que le puso el nombre de mi hija a su hija, otro le puso mi nombre a una lancha, y hasta en Salta hay una ferretería que se llama Litto Nebbia...
Tu sello es un proyecto personal. ¿Cuál es el criterio para integrar el catálogo de “Melopea”?
Por lo general grabo cosas que yo convoco, y algunas veces me llegan propuestas. Pero esencialmente grabé a mucha gente que yo admiraba y no tenia grabadora. Del Polaco Goyeneche, por ejemplo, yo grabé sus tres últimos discos. A pesar de lo famoso y bueno que era, hacía 5 años que no lo llamaba nadie...
¿Por qué pensás que pudo haber sido ignorado?
Porque los que manejan el negocio, buscan algo que deje guita inmediatamente. Y por lo general es de muy mal gusto lo que deja plata de manera rápida. Con “Melopea”, intento hacer lo que me gusta. Yo no estoy metido en esto para hacer un sello como los que hay, porque los que hay, ya están. Entonces hago cosas distintas, sin tener que estar pensando en alguien que sea un éxito o nada. Después, si se desprende y gusta, fenómeno para el artista, pero yo no hago eso como una premisa, porque si lo hacés terminás deformando el producto.
No le doy demasiada importancia, no sé qué clase de músico soy, pero a veces te ponen nombres como “el pionero”, como si uno fuera Indiana Jones. Yo sé que soy un músico con una carrera muy larga y tuve la suerte de que, a partir de las cosas que hice, empezó un género que nadie pensaba que iba a tener la fuerza y la historia que tiene hoy en día. Pero nunca me sentí autor de nada. Cuando escucho gente que habla así de sí misma, me da vergüenza ajena.








































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