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Poesía que camina

3 abr 2012
4 min de lectura

Cuando redacto una entrevista de este tipo, a veces pienso que no es necesario presentar a la persona entrevistada, porque sus respuestas la describen mejor que yo. En este caso, prácticamente lo único que podría decirse es su nombre, algo tan obvio y remanido como eso. Daniela Andújar Oriunda de Buenos Aires, poeta. Pero sus palabras no mueren en un papel sino que invaden la calle.

Daniela Andujar participó haciendo intervenciones con despliegue oral, teatral, rappero en distintos espacios, calles, escenarios, centros culturales, barriales, y en el 2009 publicó su primer libro llamado Dengue.

Sus intervenciones son radializadas en el micro “Poesía diciendo Mu”, que se e

mite en el programa radial “Decí Mu”, de la Cooperativa La Vaca. Aquí, Daniela Andujar habla de la relación entre la performance y la poesía, los límites entre lo político y lo poético, la oralidad como espectáculo nocturno. Además, una proyección alucinada sobre el futuro de la poesía oral, en caso de que el hombre agote los recursos de la Tierra y ya no sean posibles la computadora y ni el papel.

En el orden de tu vida, ¿qué vino primero: la performance o la poesía? ¿O llegaron las dos juntas?

En el desorden de mi vida, o en el orden de la sensibilidad, la poesía me acompaña desde que lato de manera…. alfabetizada. Pero creo que la poesía no sólo vive en la palabra, sino en el acontecimiento de la sorpresa, o en el advenimiento de lo insólito, inventado o descubierto.

Siempre vivencié el cuerpo como lugar de toda experiencia y experimentación vital, como vivencia carnal y espiritual de la morada de las sensaciones y de los pensamientos, por eso para mí la escritura es una extensión de esa experiencia, una amplificación y una invención. Cada acción, incluso la más simple, puede ser poética o puede ser pragmática, ordinaria. Entonces, los territorios de la poesía y los de la performance, como se llama comúnmente, no tienen una aduana, sino que crecen en conjunto. Desde que caminé: bailé; desde que pude correr, te diría, cabalgué, volé y eso que es tan natural en la niñez y tan amenazado en toda la existencia posniñez, siempre siguió al mando de mis días y de mis noches. Todo aquello que el pensamiento racional descarta, la poesía rescata. Esa es la clave que más me gusta para decir que la expresión poética explota para extenderse hacia otros territorios llamados teatrales, musicales, y etcétera.

¿Hasta qué límite influye lo político en lo poético?

El cuerpo, que no termina en mi piel, sino que respira en el macroorganismo social, cuando se vuelve poesía viva y directa es una oportunidad de encarnar otros seres, otras mujeres que moran en mí, todas inscriptas en una pelea, en una danza, que se juega políticamente, es ahí que se me hace interesante subirle el volumen a la garganta, para ampliar, para perturbar, porque para ser libre, para ser feliz, tenés que pelear. Y de ahí que cualquier acción es una oportunidad de expandir, de inventar, de preguntar, y yo uso esa oportunidad. Que, además, me da alegría, así esté cargada de furia. Esa oportunidad es devenir otras, teatralizarte, ponerte máscaras que aumenten el ser y el decir, que increpen el orden de las cosas, y las órdenes de las cosas, y darle lugar a la sensibilidad, que anda tan devaluada.

¿Por qué anda devaluada?

Devaluada porque esa sensibilidad mínimamente te susurra que nada tiene por qué ser de este modo tan cruel, tan atrofiado. La sensibilidad siempre te recuerda que sos un ser libre, a estrenar, y no un ser copiado y a copiar. La teatralidad, la performance o la expresión ofrecen esta aventura, de ningún modo debieran ser la continuidad de un mundo de expectación. También por eso es que me gusta entrar al mundo saliendo a la calle, devolviéndonos la calle como lugar de la vida, de la poesía, de la furia y de la fiesta.

Hablando de fiesta, ¿cómo recibe el público nocturno tu intervención poética?

A pesar de todos los intentos oficial-empresariales para que la noche sea más corta, más vacía, más ordenada, y destinada al descanso, o a la obediencia consumista, sobreviven muchos espacios en la capital e inclusive en la provincia de Buenos Aires que rescatan la nocturnidad como posibilidad de encuentro, de escucha, de expresión poética. En mi caso, estoy muy nutrida por el mundo del rock, por aquello que encarnó de irreverente e incómodo. El rock supo crear un espacio respirable dentro del sofoco de una sociedad ordeñada. Naturalmente para mí la noche es un lugar provocativamente poético. Y por lo general la experiencia es intensa, donde las personas que se reúnen a vibrar poesía, se dejan enchastrar por este derrame, por las intervenciones que una anda haciendo. Son las mujeres las que más se acercan y también las que acompañan de varias maneras los recitales, y allí sí se puede sentir que algo ha ocurrido, que hay una complicidad de furia, de fuerza, porque hay sensaciones que se viven en la intimidad o como problema personal, en la soledad, que pasan a ser compartidas y cuestionadas en conjunto. Hay una transfusión de fuerzas y de atrevimientos que ocurren en lo poético pero que además dejan una estela con la que podés irte pensando. Y podés salir inyectada con otra idea; nosotras tenemos la solución: desobede - ser. Vivenciar eso, por ejemplo, esa complicidad, esa transfusión de fuerzas, de contraseñas públicas, le da sentido a todo y cualquier maquillaje, tambor o sombrero que te calces. Los varones también se acercan, entre increpados y encrespados. Pero la recepción siempre es fuerte, latente, viva, hay ida y vuelta, ocurre aquello que estabas buscando, suspender la expectación y abrir el cierre, abrir el silencio, y por qué no, desplegar en vos y en los demás alguna que otra ala.

Usemos un poco las alas e imaginemos que un día desaparecen el papel y las computadoras. ¿Podría la narración o la poesía oral llenar estadios?

Preferiría pensar si es capaz la poesía de llenar los corazones. Y también preferiría pensar en una chamana, una poeta, un juglar o un conjunto de brujos contando historias, que nos involucren en una acción fascinante de ser compartida. Será una tarea desde este presente crear seres con sed en la imaginación, con voluntad de sentir, con necesidad de explorar la vida y a los vivos, más que hojear los resultados de una contienda que siempre se da del otro lado de cualquier pantalla. Y para ello será necesario terminar con la obediencia de vida.

Suplemento Rastros 2012

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